19 febrero, 2018

"Ordet"

He vuelto a ver, son ya muchas veces, la película “Ordet ” de Carl Theodor Dreyer y he vuelto a disfrutarla no solo por la poesía y fuerza de sus imágenes, que quedan fuertemente gravadas, sino por haber descubrir en ella cosas a que antes no había visto. Aunque haya en ella una parte que pueda resultar dura y desagrade en gran parte por la estética de la época con que está tratada la muerte, compensa con creces ver la película. Está hecha a la medida del hombre y verla hace recuperar el tamaño de éste que la tele – consumista y “políticamente correcta” - se encarga de achicar sin tregua. Al terminar de verla, acaba uno esponjado, esperanzado, sonriente, conmovido… Sin saber como, ni pretender compararlos, me han venido ha venido juntos Dreyer y Isak Dinessen a la memoria, los dos son daneses. “Europa: ¡Sé tú misma” que dijo en el monte Gozo San Juan Pablo II. América tiene que aprender de Europa y no al revés.

Saulius Matulevicius

En Lituania, en el tiempo que fue invadida por los comunistas Saulius Matulevicius en “El baile tras la tormenta” (Jose Miguel Cejas, Ed. Palabra) nos cuenta que de vez en cuando en casa de su abuela organizaban reuniones secretas, en las que hablaban de cosas misteriosas en voz baja y un día descubrió que estaban relacionadas con una palabra que no se atrevía a decir nadie. Aunque preguntaba a sus compañeros de juegos, si sabían algo de esa palabra nadie le decía nada. “ Al fin me enteré de que mi abuela estaba preparando a mi hermana y mis primas para hacer la “Primera Comunión” ; y un día a los seis años, me dijeron que podía formar parte del grupo si me aprendía unas cuantas oraciones. Me las aprendí, recibí mi primera catequesis, y después de confesarme, hice la Primera Comunión. “Pero no tienes que decir nada en la escuela”, me recordaron muchas veces. No entendía el sentido ce esa prohibición pero obedecía. Hasta que un día la maestra preguntó en clase: “A ver, niños, ¿quién de vosotros piensa que Dios existe?”. ¡Había Dicho “la palabra ¡”¡ Había dicho “Dios”. Enmudecí y no me atreví a contestar. Entonces una niña de mi misma edad exclamó: - ¡Sí¡ ¡Dios existe¡ La maestra se enfureció y empezó a gritar argumentos a favor del ateísmo. Entendí el porqué de las prevenciones familiares y empecé a reflexionar sobre el asunto pero aquella respuesta visceral me desagradó, aun con mis ocho o nueve años pensaba que las cosas hay que razonarlas más que gritarlas.” Dejo la historia aquí. Es bonita y merece leerse, como todas las que contiene el libro.

10 febrero, 2018

De Benedicto XVI

“Hace años, al comienzo de su pontificado, Benedicto XVI ponía en guardia contra una tentación frecuente en el día de hoy: la de pensar equivocadamente “que la libertad de decir no (a Dios), el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que solo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra - decía el Papa -,pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos al menos un poco para experimentar la plenitud del ser” (Benedicto XVI, homilía en la solemnidad de la Inmaculada, 8-12-2005)

26 enero, 2018

Chateaubriand habla de su Primera Comunión

Mañana sábado 27 de enero comulga, como ya dije mi nieto Álvaro, he procurado prepararme para ello y sobre todo agradecer.. El 25 de enero, Helena Reginard y yo, amigas del Colegio, mantuvimos una agradable y larga conversación telefónica nocturna. Hoy he visto su solicitud de amistad. Una alegría. Otra: poder poner está cita de Chateaubriand, que le dedico recordando impecable pronunciación cuando venía D. Rafael a darnos clase de francés. " Era Jueves Santo cuando fui admitido a esa ceremonia conmovedora y sublime, que yo en vano he tratado de bosquejar en El Genio del Cristianismo. Podría haber reencontrado en ella mis pequeñas y acostumbradas humillaciones, porque mi ramo de flores y mis vestidos eran menos hermosos que los de mis compañeros. Pero ese día todo fue para Dios y por Dios. Sé bien qué es la fe: la presencia real de la víctima en el santo sacramento dfrancel altar me resultaba tan sensible como la de mi madre a mi lado. Cuando fue depositada la hostia sobre mis labios, me sentí iluminado por dentro. Temblaba de respeto y la única cosa que me pero cupaba era el miedo a profanar el pan sagrado. “El pan que yo os propongo / es alimento de ángeles / y Dios mismo lo fabrica / con la flor de su trigo” (Racine). Entendí entonces la valentía de los mártires: habría podido entonces confesar a Cristo en el potro e tortura o en medio de los leones. (Chateaubriand, selección doce uvas ed. Rialp )

25 enero, 2018

Los Reyes de la baraja

El domingo mi hija Marta, tres de sus hijos y yo jugamos un rato al “Siete y medio” y era gozoso ver la cara de Pablito, que con sus casi diez años, luchador y acostumbrado a ganar - en el fútbol es bueno y en las carreras el mejor - apostaba con entusiasmo, y “se pasaba” siempre. Recordé “La venganza de Don Mendo cuando éste le contaba a Magdalena en que consistía el juego: “Entre un vaso y otro vaso / el Barón las cartas dio; yo vi cinco y dije “paso”, / el Marqués creyó otro el caso, / pidió carta ..y se pasó.” Mi padre se sabía la obra casi entera y la recitaba y de oírsela, nos la aprendimos nosotras y bien buenos ratos que ello nos ha proporcionado. Fiel al ejemplo paterno, le puse a mi nieta Marta cuando tuvo edad para ello, la película de Fernando Fernán Gómez, que está sublime y luego le dí la obra de teatro de Muñoz Seca. Se ha ido a Londres este año a aprender inglés y se la ha dejado al profesor de su academia que está estudiando español. No me pareció muy apropiada, la verdad para dársela a un inglés, pero por lo visto se rió con ella. También recordé, dicha tarde, aquella coplilla que cantaba de joven con letra de García Lorca y que sigo cantando cuando me viene a la cabeza: “Si tu madre quiere un rey / la baraja tiene cuatro: / rey de oros, rey de copas / rey de espadas, rey de bastos….”. La canción sigue, pero la dejo aquí: he incoado el canto para quien la sepa. Cantar hay que cantar porque el que canta su mal espanta. Y gallo que no canta, algo tiene en la garganta.

Ayer fué un día bonito

Ayer fué un día bonito: mi nieto Álvaro va a hacer la Primera comunión el sábado y tuve la suerte de ver a un mogollón de niños de nueve años acercandose a confesar.. salío contentísimo y me dio un alegre abrazo, que guardo entre mismejores recuerdos.justo hace poco leí sobre Romano Guardini algo que guarda relación con lo cotado. Lo transcribo. "De niño, se abrió a las prácticas religiosas, sobre todo por el influjo de su madre, que se esmeró en comunicarle un profundo respeto por las realidades sagradas. Él mismo cuenta, por ejemplo,cómo su madre al volver de comulgar en la iglesia, se apresuraba a darle a él y de alguna forma al ámbi a sus dos hermanos un beso especialmente sentido. En este gesto veía el pequeño Romano una clara voluntad de vincularles de alguna forma al ámbito de lo sacro en el que ella acababa de participar de modo intenso. ("Cuatro filósofos en busca de Dios: Unamuno, Edth Stein; Romano Guardini y García Morente", Alfonso López Quintás). Lástima no haber sabido yo esta anécdota de la infancia de Romano Guardini cuando mis hijos estaban en la edad de hacer la Primera comunión.

06 enero, 2018

La casa de la abuela

Por vivir en Valencia y mis abuelos en Aragón, no he tenido, para descansar de mis padres y que éstos descansasen de mí “La casa de la Abuela”. Aunque esta carencia, en tiempo escolar, estaba compensada por “El Colegio”. Siempre me sentí en él como en mi casa. Las benditas monjas, aún sin ser internas, pasaban muchas horas con nosotras. Pasábamos casi todo el día con buena gente. Luego, mis hijos de niños jugaban en el cuarto de atrás de casa de mi madre, el mismo en que mi hermana y yo jugábamos a las visitas o de nos vestíamos de princesas, o bien ella era Doña Carmen Polo de Franco y yo Eva Duarte de Perón. “¡Me voy a casa de la abuela¡” decía decía mi hijo Juan, cuando ya podía salir solo. Y allí, tirado en el sofá del cuarto de estar veía el partido de fútbol, chillando como un energúmeno: ¡¡¡gooool ¡¡¡, mientras mi madre le decía: “¡Algún día te dará un infarto¡” Ahora, la casa de la abuela es la mía. “Tempus breve est”. Lo paso bien con mis nietas. Son un regalo. Procuro dejar en ellas la huella del cariño y de la cultura. Hace años, quizá como hoy en una Noche de Reyes, escribí: ayerme pidió quedarse a dormir mi nieto Alejandro (diez años) .Cenamos en la cocina y al acabar se enclaustró con el ordenador con el que no puede conectarse a internet y allí estuvo dos horas jugando. Me costó que se fuera a la cama. Cuando lo conseguí me dijo: “¿Dónde está ese libro de aviones?”. Se lo di y se fue para su cuarto con más libros. Esta mañana a las nueve me lo encuentro en el pasillo atisbando mi salida del dormitorio para desayunar. Tras el desayuno ha vuelto a enclaustrarse con las persecuciones de los galos, otras dos horas más. Suerte que en su casa no le dejan en toda en toda la semana abrir un ordenador. Pero me veo el percal, si me descuido: lo voy a tener a piñón los fines de semana. En la cena y desayuno, está a la altura: me da conversación. Esta mañana me ha preguntado: “Abuela ¿tú sacabas buenas notas?” a Alejandro le hace alguna impresión ver mi nombre en un periódico, con frecuencia. ¡Menos mal¡ Hoy Alejandro tiene 19 años… ¡Qué Dios lo ampare¡, rezo por ello. A mí, me viene grande.