07 marzo, 2010

Lo que realmente importa

La primera noche en “La Lloma” – donde tenía lugar el retiro, tuve una pesadilla tremenda: estaba en Rusia, sin saber ruso, tenía dos niños pequeños a mi cargo, me perdí con ellos por calles y calles sin saber a donde ir. Anda que te andarás sin rumbo, con la angustia propia y la de la responsabilidad de arrastrarlos a ellos, que lejos de estar protegidos iban a la deriva. Además, cuando me di cuenta, me habían quitado el reloj…Para nada sirve un reloj en esas condiciones, pero… Lo pasé tan mal, que me desperté. Era ya hora de levantarse para estar a las 8,30 en el oratorio para la meditación.

Cual no sería mi sorpresa cuando el sacerdote empieza su prédica, hablandor de la angustia de encontrarse desorientado en la vida, como en una ciudad que no conocemos, sin mapa, sin rótulos en las calles, sin nadie que nos oriente… Siguió diciendo cómo agradeceríamos que alguien nos enseñara el camino. Más aún, que nos dijese: “no te preocupes, yo te acompaño”. Y señalando que en el mundo, hay mucha gente que no sabe dónde está ni para qué, y quizá se mueran sin saberlo. Desorientados porque no miran a Oriente. El Oriente es Cristo…

Y yo al hilo de esto me digo:
¿Hay algo más triste? Y me viene a la cabeza ese mandato imperativo de Cristo: “Id y predicad a todas las gentes…”
Orientarlas, encaminarlas, acompañarlas… Y recuerdo mi bendito catecismo: “¿Para que fin fue creado el hombre?”. Eh ahí una - - pregunta clave, conocer la respuesta, da seguridad. “El hombre fue creado para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y después verle y gozarle en la otra”. Sabiendo esto, que no estamos aquí ni por azar ni por capricho, el hombre podrá ser fontanero o cirujano, pero no va a la deriva. Está firmemente anclado, edificado sobre roca firme. Y además, de niño – que también necesitan seguridad, y es posible que más porque no están corrompidos, seguro que saca muchas mejores mejores notas en geografía y en botánica. Y lamento no decir en latín y en griego, porque ya no se estudian.