05 agosto, 2008

Año Paulino

Leí en mi juventud el “San Pablo” de Joseph Holzner, libro que encontré serio y sesudo. Lo presté hace años – no se deben prestar los libros, dicen que hay dos tipos de imbéciles: los que dejan los libros y los que los devuelven – y ya no lo volví a ver. Ahora, para estar a tono con el año paulino – me he vuelto a hacer con otro ejemplar y he empezado otra vez su lectura con la esperanza de sacarle nuevo jugo en vista de que ahora soy más seria y sesuda que entonces. Un placer, el cuarto de hora diario que dedico a merendarme sus 504 páginas a letra más bien pequeña.

Amén de disfrutar la mucha historia romano-judeo- helénica, que el libro suministra con rigor y amenidad, de sumergirme por tanto en lo que son las raíces de Europa me ha ayudado a encontrar una pieza del puzzle familiar. Me explicaré: como una de mis manías es encontrarle sentido a nombres y acontecimientos de la propia historia, a desenredar la complicada madeja de nuestro devenir – si se me permite la pedantería- a creer que las cosas no son fruto del azar sino que todo tiene un por qué, que es gozoso descubrir; yo no podía entender que pito tocaba que mi nieto ruso se llame Alejando ( yo preferiría llamarle Aliosha pero no me dejan) ¿Qué hace un Alejandro entre nosotros? Holzner me ha dado la pista. Oigámosle:

“…el mundo exterior del joven Saulo de Tarso (Pablo), era el de la cultura griega, de la lengua universal griega y del municipio griego, este singular instrumento colonial en el cual Alejandro basó su plan para la conquista y penetración del oriente con el espíritu griego. Al soplo de este genio y por el talento organizador de ss sucesores, los Ptolomeos y Seléucidas, florecieron grandes ciudades y altas escuelas como Rodas, Tarso, Antioquia, Alejandría…En todas las ciudades pululaban maestros y artistas del decir y predicadores de sabiduría (…)Este mundo intelectual, moral y artístico existía en todas partes, y en todas partes era de actualidad. Nadie
podía sustraerse a su influjo. Y el hombre que había de escribir más tarde: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Thess 5,21) se acomodó a él ya desde muy pronto.”

“ Con mirada retrospectiva podemos afirmar que Tarso parecía destinada a producir el hombre (Pablo) que debía recibir el testamento de Alejandro Magno, de unir espiritualmente el oriente con el occidente; y además cumplir la profecía del Señor: “Vendrán muchos del oriente y del occidente
para sentarse a la mesa del reino de los cielis, junto a Abrahan, Isaacy Jacob”

El padre de mi nieto Alejandro, se llama Pablo. Todo está en los libros. todo está en los libros…