30 enero, 2008

Colesterol

Me ha salido el colesterol un poco alto en el análisis del pre-operatorio de la operación que por ahora no me hago. No es extraño porque la verdad es que siempre he comido como una moza - nada más ajeno a la realidad- llevada de mi optimismo congénito. Aprovecho para apuntar que adjudico ese optimismo, o confianza en la vida, a lo mucho que me quiso mi madre, durante la lactancia, papillas y primera infancia. Tiempo decisivo en la formación del carácter. Ya decía mi querido Chesterton que los seis primeros años de un niño son aquellos en los que realmente se educa.

En vista de que el médico no fue muy explícito en hablar de la dieta a seguir para bajar el colesterol, llame a mi buena amiga Maritina que es endocrinóloga. Podía haberme acudido a Google ( al que amo por permitirme el “blog” ), pero la llamé a ella. Como más cálido. Me enteré de que su hija Yolanda se ha roto un ligamento, le conté que yo había tenido un nieto más y oí con voz competente y cariñosa que no debo tomar patas fritas de bolsa por que son colesterol puro, ni fritos, ni grasas procedentes de animales, huevos solo uno a la semana, ni bollería ni chocolate y si puedo tomar pescado azul, ensaladas, frutos secos, olivas -¡0h placer¡ - y todas las grasas vegetales que quiera. Carne dos o tres veces por semana, porque aunque tiene colesterol sino tomo cogeré una anemia. “Tú – me dijo – aunque tengas colesterol, no eres persona de riesgo porque no estás gorda, no fumas y no bebes.”. Cuando quedó la cosa clara le pregunté si ya sabía entrar en mi “blog”. A Maritina le cuesta la informática. Pero lo conseguirá, como lo ha conseguido siempre todo: a base de constancia y esfuerzo.