12 abril, 2014

Jonásr

Mi generación, empezó su aprendizaje de la vida, estudiando la “Historia Sagrada”. Es algo que nunca podremos agradecer bastante. Digo esto porque hoy quizá porque me contaron que una niña de tres meses, largamente deseada, tiene un tumor, me he acordado del profeta Jonás. Éste recibió el encargo de Dios de profetizar a los ninivitas que si no hacía penitencia, la ciudad sería arrasada. “Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla..”. Jonás tuvo miedo y huyó, embarcándose hacia potras tierras. Se desató una gran tormenta y los marineros, viendo que iba a zozobrar la nave, se preguntaban por qué les habría sucedido esa calamidad, y buscaban un culpable entre ellos. Entonces Jonás, experimentando en carne propia que de Dios no se puede huir, se declaró culpable, lo tiraron por la borda, se lo tragó una ballena. Estuvo tres dias y tres noches en el vientre del cetáceo y éste lo devolvió a la orilla de las playa. Jonás cumplió el encargo que Dios le había dado, los ninivitas creyeron en su palabra, hicieron penitencia y Niníve se salvó. No nos toca a nosotros extablecer una conexión causa efecto entre mal físico y pecado. En la Escritura encontramos que Cristo en una ocasión tras la curación de un paralítico dice a éste: “Véte en paz y no peques más, no sea que te suceda algo peor” y en otra cuando los fariseos le preguntan poe el ciego de nacimiento: “¿quién pecó éste o sus padres para que naciera ciego?”, contestó : “ ni éste ni sus padres…”. Pero quiero apuntar algo de lo que estoy convencida: la oración y la vida recta aleja muchos males y Dios, cuando estos se producen es capaz de sacar bienes de ellos. El sufrimiento es a veces el megáfono de Dios. Existe el sufrimiento de los inocentes… Cristo crucificado. De estas cosas hay que hablar , el sufrimiento a todos nos llega.