23 octubre, 2009

Migajas (II)

De “La mujer justa “ de Sándor Marai:

(Habla la esposa, divorciada a su pesar) “ No creo que los esposos puedan seguir siendo buenos amigos después del divorcio.(…)no creo que eso que inventaron las personas hace milenios y continúan repitiendo como por inercia sea una mera formalidad. Creo que el matrimonio es sagrado.
Y el divorcio es un sacrilegio. Me educaron así. Pero no solo lo creo por mi educación y mis principios religiosos. También lo ncrel porque soy mujer y para mí el divorcio no es una simpole formalidad, como tampoco lo es la ceremonia en el registro civil o en la iglesia….”

(habla el marido divorciado) “ También entraba en aquella vieja pastelería y, a veces veía allí a mi mujer, a la primera… casi podría decir la verdadera, la mujer justa. Porque a Judit nunca, ni por un momento la sentí mi esposa. Ella era la otra. ¿Qué sentía en aquellos momentos, cuando volvía a ver a la mujer justa? Nio me dejaba llevar por el sentimentalismo, pero la sangre siempre desaparecía un popco de mi cabeza, la saludaba azorado y miraba hacia otro lado. Porque, ¿sabes?, el cuerpo nunca olvida, como el mar y la tierra no olvidan que una vez fueron uno”

Hasta aquí “La mujer justa”. A propósito de la indisolubilidad matrimonial una vez me dijeron dos cosas estupendas:

Antes se separará la uña de la carne, que el marido se separará de su esposa.

La unión entre los esposos es tan fina como cuando se encola bien dos trozos de madera. Si se rompe la pieza, nunca lo hará por donde fue encolada.