11 mayo, 2008

Casas desoladas

Como que falta algo – y a mi modo de ver algo esencial - cuando en una casa no hay, bien sobre sus paredes o sobre un mueble escogido, una sola imagen de la Virgen. Cuando las veo, que cada vez por desgracia es más frecuente, me parecen casas frías aunque proliferen almohadones y cachivaches. Casas desoladas, sin horizonte; aunque desde sus balcones se divise el mar. ¿por qué? porque una mirada a una imagen de la Virgen es una acordarnos de Ella, metérla en lo que estamos y descansa.

Es claro que no todos nos hemos criado “sobre el regazo de la Virgen”. No todos han aprendido a contar con Ella en la vida vida. A confiarle desde niños pequeñas penas, agobios de exámenes..( “Virgen santa, Virgen pura, haz que yo apruebe esta asignatura”, estaba escrito el libro de Geografía de mi hermana, que era niña de sobresalientes). La Virgen es madre de todos, esa madre que no se muere y en Ella he pensado al leer estas líneas que C.S.Lewis en un libro agotado: “Cautivado por la alegría” dedica a la muerte de su madre, a la que perdió siendo niño.

Dice así el autor “Narnia”: “ Con la muerte de mi madre desapareció de mi vida toda felicidad estable, todo lo que era tranquilo y seguro. Iba a tener mucha diversión, muchos placeres, muchas ráfagas de Alegría, pero nunca más tendría la antigua seguridad. Sólo había mar e islas; el gran continente se había hundido, como la Atlántida.” Mayo, Madre, María, empiezan por “ma”, la primera sílaba que un niño pronuncia.