15 diciembre, 2007

Los amigos

Ayer festividad de San Juan de la Cruz, acabó el día de una manera bonita.

Hace tiempo, durante dos años consecutivos, ese día 14 de diciembre, me di una buena “toña” ( no se si la palabra está en el diccionario) pero se explica sola diciendo que una de las veces tuve que ir al Hospital Clínico a que me curaran. Querían hacerme una radiografía de la nariz, por si me la había roto, no me la hicieron. Se dejaron convencer por mí que aseguré que no tenía ningún hueso roto. Desde el primer momento, no dudé de que el Señor había protegido mi cara, como así fue. Eso sí: dejándomela llevar durante un tiempo con un monumental hematoma. que yo vigilaba ante el espejo a diario a ver cuando pasaba del rojo al amarillo hasta desaparecer por completo y dejarme mi cara blanca de siempre. Como al año siguiente se repitió el trompazo, aunque esa vez sin derramamiento de sangre. Resulta que cada 14 de diciembre mire a San Juan de la Cruz con una cierta desconfianza.

Por la mañana acabé de poner el Belén que me ha quedado precioso. Conseguí iluminar muy bien la cueva que tiene hasta pesebre con paja. Frente a ella, con sus figuras réplica de un belén de Salcillo, se puede rezar muy bien. Cuando un rato antes de cenar, día me proponía escribir, vino a verme Asun, que pasaba por la puerta de casa y subió. Adiós escritura. Pensé en eso que una vez leí no se donde: los amigos son ladrones de tiempo. Como la charla se prolongaba, la invité a cenar. Mientras lo hacíamos llamó Amparo que quería que subiera un momento a ver su belén. Le dije que primero bajara ella a ver el mío. En mi acogedor y bien iluminado cuarto de estar, tuvimos las tres una magnífica tertulia hasta las doce de la noche. A esa hora subimos Asun y yo a ver un belén con campos de coles, mujer que sacude ramas de olivo, herrero que le dá al yunque, niños columpiándose en un balancín … la intemerata.