13 febrero, 2007

¿Por qué se convirtió Chestertón?

Cuando la gente me pregunta: “¿Por qué abrazó usted la Iglesia de Roma”, la respuesta (fundamental aunque en cierto modo elíptica) es: “Para desembarazarme de mis pecados.”Pues no existe ninguna otra organización religiosa que realmente haga desaparecer los pecados de las personas. El pecado confesado y por el que se siente arrepentimiento queda totalmente abolido, y el pecador vuelve a empezar de nuevo como si no hubiese pecado nunca (…)
“Cuando un católico se confiesa, vuelve realmente a entrar de nuevo en ese amanecer de su propio principio y mira con ojos nuevos, más allá del mundo, un Palacio de cristal. Él cree que en ese oscuro rincón (el confesonario) y en ese breve ritual (la confesión),Dios ha vuelto a crearle a su propia imagen.
“Se ha convertido en un nuevo experimento de su Creador, tanto como lo era cuando tenía solo cinco años. Se yergue, como dije, en lablanca luz del digno principio de la vida del hombre. La acumulación de años ya no puede aterrorizarle. Podrá estar canoso y gotoso, pero solo tiene cinco minutos de edad
“Aquí estoy ocupado en la malsana y degradante tarea de contar la historia de mi vida, y solo tengo que exponer los efectos reales que las enseñanzas de la Iglesia tuvieron en mis propios sentimientos y actos. Han influido en una idea (..) es la idea de aceptar las cosas con “gratitud” y no como algo debido.
“El sacramento de la penitencia concede vida nueva y reconcilia al hombre con todo cuanto vive, pero no lo hace como lo hacen los optimistas, los hedonistas y los predicadores paganos de la felicidad. El don “se concede mediante un precio y está condicionado por una confesión.” En otras palabras, el nombre del precio es la Verdad, que también puede llamarse Realidad; pero se traa de encarar la realidad sobre uno mismo.
“Recuerdo que ya catorce años antes de convertirme, en el “Daily News,
salía al paso de la opinión de un crítico contemporáneo: “A su juicio – le contesté – confesar los pecados es algo morboso. Yo le contestaría que lo morboso es no confesarlos. Lo morboso es ocultar los pecados dejando que le corroan a uno el corazón, que es el estado en el que viven felizmente la mayoría de las personas de las sociedades altamente civilizadas.”