09 diciembre, 2005

ROMA

Mi hijo mayor y su mujer están en Roma. Como nuestra historia personal no la escribimos, sino que nos la escriben, resulta que, sin comerlo ni beberlo, han caído en Roma, en la Plaza de España el día de la Inmaculada…Han visto allí después de hora y media de estar de pie a Benedicto XVI. Mi cabeza y mi corazón están en Roma. Les he seguido
desde aquí al Coliseo, al Vaticano, a las catacumbas…
Recuerdo mi viaje a Roma hace muchos años con mi marido y las dos niñas. Nuestra visita al Coliseo. Una foto de las tres mujeres deja constancia de ella. Fue por así, decir una foto profética: tres mujeres en la arena del circo a las que, poco tiempo después, se les iba a romper el corazón. Los mártires son más numerosos de lo que se cree. Comentando esto con una amiga, me contó que ella también tiene una fotografía en la arena del Coliseo. Es una mujer que ha sufrido mucho. Una mujer que habiendo dejado la fe hacía muchos años, un día al pasar por la puerta de la
Parroquia dijo con fuerza para sí misma: “Señor: yo quiero entrar en la Iglesia”. Él puso los medios.
En aquel viaje que hice a Roma fui a rezar con marido y niñas ante la tumba del entonces Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, hoy San Josemaría, le pedí con fuerza por mi familia. Especialmente por los tres varones... ¿Les es más difícil la fe a los hombres que a las mujeres?
En 2006 vendrá Dios mediante el Papa a Valencia a clausurar el Encuentro Mundial de las Familias. Algo grande pasará en mi casa. De momento, antes que llegué mi hijo mayor lo ha visto en Roma.