12 agosto, 2007

Aurora

Ayer era el santo de Aurora, primer año que lo celebraría en el cielo. Llevábamos muchos años escribiéndonos por nuestros santos, porque ambos son en agosto. Por la mañana misa, la encomendé en la comunión, porque no se diga. Ya que desde que murió, más que rezar por ella, espero su intercesión. Aurora ha sido una más de los que cruzan la frontera “viniendo de la gran tribulación, que han limpiado sus túnicas en la Sangre del Cordero”. No puedo, aunque lo intente, recordar a Aurora seria. Siempre la vi calmosa, amable y sonriente, y no por falta de trabajo precisamente . Ella me habló una vez de la necesidad del “aguantoformo”, para llevarse bien con la gente.

Sabía que el día sería bonito. Por la tarde, en una terraza con Tere, docta y apasionada lectora, y con Carmen, a la que siempre he querido enseñar, a distinguir “las voces de los ecos”, quizá con poco éxito, aunque eso nunca se sabe . Carmen, aunque me aprecia mucho, para nada es una mujer dócil. Tere y yo intercambiamos títulos. Me recomendó: “Antropología para inconformes” y “Mis libros inolvidables”. Por mi parte, le llevé “Escritores conversos” libro caro que no dejaría a nadie sino a ella, porque ambas pertenecemos a esa rara condición de seres que tienen claros que los libros prestados, se devuelven. Al coger el libro Tere, para guardarlo, cayó de entre sus hojas una postal de la Piedad de Miguel Ángel. Me la dio. Era de Aurora, las tres la conocíamos y la queríamos. Me la había escrito en el 99… Un poco antes, yo había recordado que era su santo.

Acabo de llamar a Carmen para invitarla a venirse conmigo a misa. Me ha dicho que después de irme yo – a las 8,14 desde las 6 – se fue con Tere paseando y estuvieron hablando durante una hora, y que fue estupendo.Se que Aurora tuvo algo que ver en ello. Yo fui la que presenté a Carmen, en su día, a una y a otra, para que me ayudaran…