09 julio, 2007

Érase una vez...

“La hoja de otoño” era el título de un cuento que inventé sobre la marcha para Marta y Fe, para que comieran a un ritmo razonable y no solo para eso, que siempre he sido consciente de lo que los cuentos, escuchado o leídos ayudan en la vida. Seguía con ello la tradición familiar pues mi padre, a una edad nuestra parecida nos había contado, a mi hermana y a mí, también improvisando: “El rey de las alturas y de las llanuras” cuando paseábamos por la Gran – Vía cogidas de su mano, esperando que mi madre bajara de probarse en la modista. El caso es que “La hoja de otoño”, título que sin duda escogí porque en mis tiempos de universitaria había escrito, con pluma estilográfica, sobre una hoja seca de castaño unas frases poéticas, causó gran impresión en mi hija Marta, hasta el punto de que mi nieta de ocho años me ha dicho a veces: “Cuéntame el cuento de “la hoja de otoño” que le contaste a mamá”. Cualquiera sabe lo que le conté a su madre, como cualquiera sabe lo que me contó mi padre. Pero ahí están esos títulos evocadores…

Toda esta historia viene a cuento de que el dibujo, que acabo de “postear”y le he puesto el título de”Fantasía”, porque algo había que poner, es de Marta, que es capaz de crear, con sus tintas planas, todo un mundo poético, que saca la sonrisa al rostro. Marta dibujando siembra sonrisas y sueños ¿Quién sabe lo que puede dar de sí el querer y contar cuentos a los niños?