17 mayo, 2015

Aniversario del 16 de mayo de 1948

Queda un poco lejos el 16 de mayo del 48, pero ese día hice yo mi primera comunión. He revasado la edad de ese poeta romántico que clamaba: “¡Ayer hizo treinta años que me ausenté de España / mañana hará, y me asombra setenta que nací¡”. La vida es corta y larga, según se mire y según el humor de que estemos. Este aniversario tuve un día bonito que relato para la posteridad. ¿Para quien si no? Siempre se escribe para la posteridad. Lo empecé bien: con misa y oración ante una custodia hermosa y enorme que nos acerca sensiblemente a Cristo. La custodia de la parroquia San Pascual Bailón, santo aragonés enamorado de la Eucaristía - cuya festividad es hoy – de quien mi madre decía sin pizca de respeto para alegrar al personal: “San Pascual Bailón, que bailando bailando se encontró un doblón”.Siempre hay que intercalar una coplilla, cuando se puede. A medio día mi amiga Pepa y yo pasamos un buen rato en una terraza al sol. La conversación hizo posible que le dijera que me sentí, muy pronto en la vida identificada, con esas palabras que escribió Dorothy Day cuando iba al instituto y que encontró años después en un papel desvaído: “La vida sería totalmente insoportable si pensáramos que no vamos a ninguna parte, que no tenemos nada que esperar. El mayor regalo que nos puede hacer la vida es la fe en Dios y en un más allá.” Eso yo lo he tenido claro siempre. Sigo con la cita: “¿Por qué no la tenemos?. Quizá porque como todos los regalos hay que pelear por ella. “Creo Señor” (o, más bien , “tengo que creer o desesperar”), “ayuda mi incredulidad”. “Arráncame el corazón de piedra y dame un corazón de carne”. Por la tarde vinieron a casa dos santas mujeres y vimos en absoluto silencio y respeto la magnífica película: “Diálogo de carmelitas”, de Philip Agostini en la que mi amigo Bruckberger interviene en el guión. Maruja no la había visto y le interesaba. En medio de ella vino mi hijo Juan con los niños: Álvaro y Lucía para dejármelos un rato. Unos ángeles: 6 y 4 años, y como tales inteligentes: jugaron en tres cuartos distintos de la casa sin molestar lo más mínimo conformándose con que de vez en cuando fuera a verlos y les aprovisionara de cariño y juguetes nuevos.Una gozada.