07 diciembre, 2011

La nada

El último 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo, a las 8,30 de la mañana, en un curso de retiro en “La Lloma”, con mi amiga Maritina sentada a mi lado, oía al sacerdote decir, después de recordar la frase de Benedicto XVI en “Cuatro Vientos”: “No se puede sere cristiano separado de la Iglesia”: “Somos fruto de un querer expreso y concreto de Dios (…)No nos escondamos en el anonimato. Nuestra alma es individual. Esa alma creada por Dios es ya para siempre. No vuelve a la nada porque no salió de la nada” y seguió diciendo mientras sonreía: “ no pensemos que la nada es una señora, la nada es nada” .

Y recuerdo esto porque leo cada mañana: “Teología y Sensatez”, libro imprescindible, aunque requiera razonar sin servirse de imágenes, cosa a la que no estamos acostumbrados, - como apunta Sheed - si se quiere tener la fe solidamente asentada. Y después de leer con esfuerzo – y eso que el autor no deja de propiciar la sonrisa – los capítulos: Religión y pensamiento, Examen del entendimiento, Dios: el que es, La inteligencia discurre en la infinitud, Dios habla al hombre, llegar a otros tres capítulos sobre la Satísima Trinidad – cuya lectura arroja un poco de luz sobre el misterio-, he aterrizado gozosamente en la parte del libro “las criaturas” y allí logicamente me he vuelto a encontrar con la nada.

Nuestro hermoso mundo ha sido sacado por el infinito poder de Dios, de la nada y si no fuera mentenido, en todo instante, por este poder volvería a la
nada. Lo mismo que nuestra imagen permanece en el espejo solo mientras estamos frente a él y ello es así porque la imagen no forma parte de la materia del espejo. La imagen, como comprenderán no es mía.

Sobre la nada volveremos.