24 noviembre, 2016

Para Rita

Rita Barberá ha muerto sola en un hotel de Madrid. Ella, que estuvo siempre rodeada de gente. La recordaremos con esos kilos de más, que no parecían preocuparle, con su largo collar de perlas y su acogedora sonrisa de vividora. Quienes la conocían hablan de sus sólidas convicciones, de su entrega y de su lucha. Muchos hemos, visto con tristeza como los medios, que reflejan la actuación de los políticos, caían sobre ella sin respeto ni compasión, haciendo leña del árbol caído, antes de que fuera juzgada. La habrá juzgado Dios que es Padre misericordioso, como tanto nos recuerda Francisco. Ahora que ya ha pasado todo, alegra pensar que tanto la soledad como el sufrimiento que la han acompañado en este último tramo de su vida, figuran en su haber, en su hoja de servicios. Porque el sufrimiento purifica el alma, nos hermana con el Crucificado. Dios bendice con la cruz, eso creemos los cristianos. ¡Que consuelo da serlo en los tragos amargos de la vida¡ Estoy segura de que Rita rezó cuando aparecieron los síntomas del infarto. Yo la recordaré siempre, el segundo domingo de mayo, en el balcón de “La Casa del Vestuario” echando pétalos de flor, con alegría y entusiasmo, sobre la Virgen de los Desamparados, al pasar la imagen de la Virgen en la procesión, cuando va a enfilar la calle de Caballeros.

1 Comentarios:

At 03 diciembre, 2016 22:00, Anonymous Anónimo escribió...

Pues si, alguna gracia merecerá de la Mare de Deu la q con gracia adorno de petalos su imagen

Misael

 

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